Corea del Sur saca el orgullo, le da la vuelta a Chequia y avisa al Mundial (2-1)
Redacción
Muy buenas, amigos. Si el Azteca había abierto la fiesta por la tarde, en Guadalajara nos sirvieron de postre un partidazo con remontada incluida. Y de los que gustan. Porque Corea del Sur, que empezó mandando pero se topó con un muro, encajó cuando peor pintaba la cosa, agachó la cabeza... y la levantó de golpe para darle la vuelta a una República Checa que se quedó con la miel en los labios. 2-1, tres puntos de oro y un mensaje para el resto del grupo: con estos coreanos habrá que contar.
El primer acto fue de los de paciencia. Mucha lucha en el centro del campo, pocas concesiones y un dominio asiático que, eso sí, no encontraba la rendija. El que asomaba siempre era Son Heung-min, faro y bandera de los Tigres de Oriente. Avisó al filo del descanso con dos zarpazos en menos de un minuto: uno se le marchó por encima del larguero y el otro lamió el palo. Tan cerca y tan lejos. Al vestuario, 0-0, con la sensación de que a Corea le faltaba puntería y a Chequia, sencillamente, le faltaba todo.
Y la segunda parte arrancó con un nombre propio que iba a marcar el guion: Matej Kovar. El portero checo se puso el mono de trabajo nada más volver de los vestuarios. Doble parada providencial al 48', y poco después, ojo al detalle, le ganó el mano a mano a Son cuando el coreano se relamía ya con el gol. Estaba siendo el mejor de los suyos. Con diferencia.
Lo de siempre, amigos: si no las metes, te las hacen. Y vaya si se la hicieron. Minuto 58. Saque de banda aparentemente inofensivo, balón al área y allí apareció Ladislav Krejci para colgarse y firmar un cabezazo seco, inapelable, al fondo de la red. 0-1. Premio inmerecido por juego, justísimo por eficacia. El Akron, mudo. Chequia, soñando.
Pero este Mundial vino con la lección aprendida: nada está escrito hasta el pitido final. Y Corea, lejos de venirse abajo, sacó la casta. Promediando la segunda mitad llegó el empate, y de qué manera: Hwang In-beom se sacó de la chistera un auténtico golazo de "papi fútbol", de esos que se cuelgan en la pared, para devolver la fe a una afición coreana que empujaba sin descanso. 1-1 y el partido, otra vez, abierto de par en par.
Con el marcador igualado, los dos se volcaron. Velocidad, vehemencia, ida y vuelta. Pero el que mandaba seguía siendo Corea, y al final el dominio se transformó en premio. Minuto 80. Otra vez Hwang In-beom, ahora de generoso, levantó la cabeza y puso un balón medido para la llegada de Oh Hyeon-gyu, que había entrado desde el banquillo y no falló a su cita: empujón a la red y 2-1. Vuelta completada. El Akron, en éxtasis.
Lo que quedó fue resistencia y oficio. Chequia, con Patrik Schick demasiado solo ahí arriba, lo intentó con más corazón que ideas, pero ya no le quedaba gasolina para evitar el segundo disgusto del día para Europa en este grupo. Pitó el árbitro y se desató la voltereta surcoreana.
Balance redondo para los de Hong Myung-bo: arrancan con triunfo, con remontada y con la moral por las nubes, y comparten el liderato del Grupo A nada menos que con el anfitrión, México. Precisamente con el Tri se verán las caras el próximo jueves 18, también en Guadalajara, en un duelo que ya huele a decisivo. Chequia, en cambio, se queda a cero y obligada a reaccionar ante Sudáfrica si no quiere despedirse antes de tiempo.
Gran tarde de fútbol, amigos. El Mundial ha enseñado los dientes. Y promete. Hasta la próxima.

